

¡Ay! Tiempo … Tiempo … Tiempo … ¡Qué manía con intentar domarte!
Conocí un día al aburrido señor Crono que sin saber qué hacer se inventó las palabras ‘año’, ‘mes’, ‘semana’, ‘día’, ‘minuto’, ‘segundo’, … Y ya no supo qué más hacer.
También conocí al señor Presente, animoso y jovial, que sacaba de sus casillas al señor Crono porque, según él, no había hecho nada de provecho.
Un día, harto de que el timorato y gafe compulsivo del señor Crono le repitiera siempre la misma monserga:
-¡Vaya generación que estamos criando! ¡Cualquier tiempo pasado fue mejor!
el vigoroso, pujante e impulsivo señor Presente le contestó:
- ¡Qué equivocado está, señor Crono! ¡Recuerde, por favor! Una vez, en contra de su opinión, hice fuego, lo cuidé y no nos quemamos. ¡Y qué bien vivimos con este calorcito! Otra vez, a pesar de todo su miedo, metí unos animales en casa, les enseñé a que nos ayudaran y no se nos comieron. También discutió conmigo cuando limé el cuadrado y nos ha servido para recorrer el terreno sin precipitarnos por ningún abismo. Recuerde, señor Crono, he traído el agua a la tierra a riesgo de ahogarnos y hemos sembrado y nos hemos alimentado; le he dado la palabra a otros hermanos y nos entendemos mejor; he intentado volar y puedo saludarle desde el espacio.
No lo dude, señor Crono, gracias a mis hermanos y a mí vive usted mejor.
Es por esta historia por la que yo no mido el tiempo, siempre es presente. Él es vitalidad (‘evita-la-edad’ parece decir esta palabra), y la vitalidad se encarna en la juventud.
¡Ánimo! que ahora también vosotros, mis hermanos estudiantes, sois yo, sois PRESENTE. Os toca seguir dotándome de fuerza, salud, bienestar y tiempo (si es que éste existe.)
Firmado: Sir-Ope

